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LA AVENTURA DE SURFEAR LA GRACIOSA

Estando en Lanzarote quería hacer algo distinto a lo que suelen hacer la mayoría de los turistas e ir un poco más a la aventura. Mi nivel de surf ya no es de un beginner pero tampoco me consideraría una surfista muy experimentada. Cuando viajo a nuevos lugares para surfear, si el lugar de surfing es la playa no tengo miedo de entrar sin compañía. Observo desde fuera durante un rato por dónde entra y sale la gente y donde están los picos, estoy al loro por si hay algún chorro de corriente y a empezar la sesión de surf!

Cuando hablamos de reefbreaks me da más respeto. Siempre me gusta ir acompañada por alguien que tenga más experiencia que yo y a poder ser, que haya surfeado este surf spot en al menos en una vez.

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La Graciosa desde el Mirador de Rio

Tuve la suerte de conocer a Evandro durante mi estancia en Famara, es el dueño de Lanzasurf, una pequeña escuela de Famara de ambiente muy familiar. Él fue quien me propuso cruzar a la Graciosa en busca de olas y hacer lo que se conoce como un surfari. El plan era ir con lo imprescindible; gorro, tabla, crema del sol y tienda de campaña e intentar surfear aún sabiendo que el parte no era muy prometedor.

Desde el principio viajar a la Graciosa supuso una aventura. Salimos de La Caleta en coche y nos llevó unos 40 minutos llegar a Órzola, donde se cogen los ferrys para cruzar a la isla. Lo suyo es cruzar temprano para poder aprovechar el día ya que por las noches tampoco es que haya mucha vida. Una vez en La Graciosa es imprescindible tener una bici. Nosotros ya íbamos con ellas pero si no allí hay varios sitios donde alquilar. Así que al desembarcar fuimos directos a montar el camping, soltar los bártulos y hacernos con unos bocatas para comenzar la búsqueda de olas lo antes posible.

Existen varias olas alrededor de la isla. Todo pintaba a que en la zona norte de la isla iba a entrar suficiente mar como para podernos dar un baño así que empezamos a pedalear. El paisaje volcánico es sobrecogedor  y fuimos haciendo algunas paraditas para sacar fotos que nos vinieron bien para descansar ya que, aunque no haya que estar en muy buena forma física, se te hace más que un paseo cuando vas con la tabla acuestas.

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Llegamos al corral,nadie en el pico y una ola simpática. Al principio no estaba muy convencida así que Evandro propuso hacer snorkel-surf. De esta manera podríamos ver lo que había debajo del agua y surfear más tranquilos. Una enorme sorpresa nos aguardaba bajo el agua. Al saltar

al mar y sumergir la cabeza por primera vez,  un manto de peces cubría todo el fondo. Qué espectáculo! Mientras esperábamos las olas contemplábamos sumergidos

la diversidad de peces y colores que había a nuestro alrededor y en cuanto entraba la serie, a surfear! Fue todo un acierto llevar las gafas de bucear.

Tras la surfeada tocó relajarse. Evandro lleva muchos años viviendo en Lanzarote y conoce muchas historias de la isla y de la gente que habita en ella, merece la pena sentarse a hablar con él. También se estaba muy bien haciendo absolutamente nada; admirando el paisaje, contemplando las nubes, recogiendo conchitas; limitándonos a existir por un rato embargados por la sensación de estar en una pequeña isla en mitad del océano atlántico.

El domingo fue día de exploración y salvajismo, lets get wild! Metimos en la cesta de las bicis lo que considerábamos imprescindible y fuimos recorriendo la costa sur hasta llegar a Montaña Amarilla, una pequeña playa donde no hay mucha gente ya que el acceso no es cómodo.

Tuvimos que descartar a mitad de trayecto la idea de llegar a esta playa en bici  ya que los caminos se convierten en arena y durante muchos tramos íbamos empujándolas, haciéndosenos muy pesado. Fue gracioso ir dejando un rastro de las cosas de las que nos íbamos deshaciendo por lo incómodo de cargar con ella, escondiéndolas tras las dunas, con la intención de recuperarlas a la vuelta. Montaña Amarilla es impresionante, mereció la pena el pateo y la buceada. Ya por la tarde, emprendimos el viaje de vuelta recogiendo todo lo que habíamos ido dejando por el camino. Evandro nos enseñó las distintas olas de esta parte de la isla, OMG es el paraíso del surf!

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Playa Isla La Graciosa

 

Antes de coger el ferry no os podéis ir de La Graciosa sin probar el helado de gofio de la pastelería del puerto y hacerte con un dulce para despedir el viaje. Por último, si estáis buscando hacer algo distinto y tenéis un nivel de surfing avanzado no dudéis en ir de surfari a la Graciosa. El paisaje con el inmenso risco detrás y las carreteras desiertas, dan la impresión de estar lejos de casa, en algún lugar perdido del mundo y es maravilloso por que puedes experimentar esta sensación  estando a tan sólo 2 horas y media en avión de casa.

Y mi consejo, poneos en manos de Lanzasurf  por que la experiencia, sin duda, no hubiese sido la misma!